LA TECNOLOGÍA Y SU IMPACTO EN EL ENTORNO.

Las preguntas planteadas en el curso son demasiado importantes para mí, así que, por esta vez, deseo responder a un par de ellas específicamente, reflexionando cada palabra. El motivo es muy simple: esto se vincula estrechamente con mi proyecto de investigación en la Maestría y será un espacio interesante de conversación acerca del asunto.

1.¿cuál es el nivel del impacto de la tecnología en mi espacio educativo?

En la I.E. Villa Flora, institución de educación pública donde trabajo, se evidencia un alto impacto de la tecnología en profesores y estudiantes; pero no la tecnología al servicio de la educación formal, sino la tecnología que se vincula a la cotidianidad en la comunicación, en la información, en las relaciones sociales, en la diversión. Los computadores del colegio son “víctimas” de dos enemigos: el tiempo -la tecnología evoluciona cada día y el municipio de Medellín no realiza actualización constante de los equipos- y algunos estudiantes que maltratan el hardware -los rayan, se llevan el mouse, entre otras cosas- así que los computadores del colegio no siempre son vistos precisamente como instrumentos para el aprendizaje.

2.¿Se dan cambios en la forma en que se concibe el conocimiento? ¿Tiene que ver con los medios con los que se aprende? ¿Con la forma cómo se aprende?

En mi entorno de trabajo se han dado muchos cambios. Llevo ocho años como docente  en este colegio y he sido testigo de cómo se ha acentuado el uso de TIC por parte de estudiantes y profesores. Y sí, la concepción del conocimiento se transforma pero, en apariencia, no a través del currículo propiamente, sino de lo que cada sujeto recibe y elabora, con las TIC que utiliza y con su relación personal con esas tecnologías. Sin embargo, eso puede sonar a hipótesis. De hecho, lo que me cuestiona y constituye mi problema de investigación es identificar esas concepciones que tienen sobre las TIC tanto profesores como estudiantes del colegio. Los hallazgos seguramente darán muchas claridades a esas inquietudes.

Nicholas Carr en su artículo Is Google making us stupid? expresa que “(…) Thanks to the ubiquity of text on the Internet, not to mention the popularity of text-messaging on cell phones, we may well be reading more today than we did in the 1970s or 1980s, when television was our medium of choice. But it’s a different kind of reading, and behind it lies a different kind of thinking—perhaps even a new sense of the self. ” Estoy de acuerdo: las TIC y la manera como hacen parte de nuestros ambientes -hogar, familia, colegio, universidad, trabajo- transforman nuestra manera de pensar, nuestros procesos mentales, nuestras habilidades. Eso, por supuesto, cambia también la manera en que nos relacionamos con los demás y nuestra forma de vernos a nosotros mismos. Cambios que demuestran un impacto tan profundo de la tecnología, que muchos desearían evadirlo y evitarlo.

PROPUESTA DE INTERVENCIÓN

El inicio del camino… una primera propuesta de intervención.


RED EN EL AULA DE CLASE

¡El ejercicio ha sido muy ilustrativo! No niego que he pensado muchísimo en ello, pero verlo así, gráficamente, resulta bastante particular. De todas maneras, esta es mi versión de los hechos.

¿Qué veo? Bueno, que entre los estudiantes y yo hay comunicación, pero no de una manera personalizada. En los grupos de clase hay subgrupos que casi siempre son los mismos equipos de trabajo. En cada subgrupo hay uno que siempre es el que pregunta inquietudes o participa. Los demás permanecen alejados del profesor. Hay subgrupos de estudiantes que hablan entre ellos y comunican sus preguntas preferiblemente a otros estudiantes y no al profesor directamente. Existen estudiantes que siempre están solos, comunican sus ideas de vez en cuando, o jamás lo hacen.

Algunos de los estudiantes son muy cercanos al profesor: los que participan, se ríen con él, charlan, colaboran en clase, cuentan sucesos de sus compañeros, preguntan incansablemente…

Veo que en mi diagrama, el profesor -es decir, yo-  es el tradicional. Genera información y los alumnos la reciben. Algunos producen ciertas comunicaciones con el docente, pero la mayoría es entre ellos mismos, lo cual es positivo teniendo en cuenta que puede existir un nivel de construcción de aprendizaje colaborativo. No se utilizan mucha tecnología en las clases, aparte de una grabadora para trabajar textos de audio en algunas actividades. Lo usual son: tablero y cuadernos. Cada quien tiene inclinacíon por unos u otros, ya que algunos disfrutan las actividades orales, pero no todos. Muchos detestan tener que estar escribiendo de un tablero, y los cuadernos no son utilizados por muchos de los estudiantes, sobre todo cuando yo nunca los reviso, porque me parece inútil en grupos de 9º a 11º. Por eso los cuadernos están lejos de mí en el diagrama.

El dibujo que hice quizá es complicado para los lectores de mi blog, pero yo lo veo bastante claro. ¡Vaya! Interesante… Tengo demasiadas cosas por pensar, analizar y aprender. ¡Cuántas relaciones pueden generarse en el aula e incidir en los procesos educativos!

LA MODERACIÓN

La experiencia que he tenido como estudiante de cursos en línea me mostró verdaderamente lo que significa construir conocimiento y permitir que se escuche la propia voz. Mis docentes –pluralizo, porque ya incluyo este curso- me han dado muchos elementos. Sí hay exposición de temas, pero de manera creativa, permitiendo que uno como estudiante explore inicialmente el camino y luego comparta sus conclusiones. En ese compartir se generan nuevas ideas, nuevos aprendizajes que permiten, digamos, pulir ese conocimiento que se construyó.

Siempre me he caracterizado por ser una persona más dispuesta a escuchar que a hablar para los demás. Soy bastante tímida cuando de exponerme a un auditorio se trata. Así que no niego que me daba bastante temor escribir para que no únicamente el profesor,  sino también los compañeros del curso conocieran mis opiniones y pensamientos. Mencionaba en mi reflexión sobre participación que pronto descubrí en el curso que el interés general era compartir y aprender, no juzgar. Además, el profesor siempre nos escribía sobre lo que pensaba de nuestro trabajo y estaba atento a lo que nosotros teníamos que decir al respecto. Aprovecho para comentar que me sorprendía todo el tiempo la manera como el profesor Andrés Peláez nos hablaba en detalle de nuestros escritos, mapas conceptuales, trabajos, trayectos de actividades, páginas web… observaba todo con lupa y nos respondía prontamente, a veces con otras preguntas para que continuáramos la reflexión o pensáramos en precisar asuntos.

Ahora, con el profesor Diego Leal, sigo en ese proceso de aprender a aprender. Veo la moderación de este tipo de cursos como una especie de lámpara mágica, cuya luz se hace más intensa a medida que logramos avanzar un paso. Me ha estimulado mucho a aprender de la manera en que Sergio escribía en mi blog: como un auto-aprendiz. El profesor se convierte en un orientador, un acompañante en el camino.

Lo que más he aprendido de Diego y de Andrés es a ser tenaz, a no decir “no puedo” sino a intentarlo hasta que encuentre la manera. Yo siempre me dejaba vencer y dejaba de lado el uso de ciertas herramientas. Ahora no descanso hasta que no logre comprender cómo manejar ciertos programas, cómo crear y aprovechar la tecnología para mi propio aprendizaje y el aprendizaje de otros.

Según Collison et al., la “facilitación desde el lado” tiene como objetivo orientar la interacción entre los estudiantes, llevar la discusión hacia niveles conceptuales más altos, gracias al análisis e identificación de asuntos importantes. El profesor ya no “toma el control” de la clase, sino que todos los participantes colaboran en el proceso. Cuando el profesor ya no es el centro, la máxima autoridad, el único que tiene el conocimiento, todos pueden sentir la misma responsabilidad de aprender, de conocer, de construir, pero también la libertad de saber que no es considerado “el que no sabe” sino un sujeto tan lleno de saber y tan capaz de seguir aprendiendo como el mismo profesor. Eso cambia la perspectiva totalmente, al igual que el ambiente mismo en donde se aprende. Las energías se enfocan a aprender entre todos, a participar en colectivo.

Sin embargo, los autores del libro también identifican algunas dificultades: participación excesiva de unos, muy pobre de otros, construcción pobre del conocimiento, acercamientos con unos más que con otros. Personalmente, yo no lo veo como problemas, sino como circunstancias que suceden normalmente. Seguimos siendo los mismos seres humanos tras los recursos tecnológicos. Creo que hay que reconocer eso y tratar de mejorar en cuanto nos sea posible.

OTRAS VOCES, A TRAVÉS DE MI MIRADA…

Observar lo que hacemos los docentes en un colegio público –hago la aclaración porque, como es bien conocido, cada contexto marca grandes diferencias- es un asunto complejo. Aunque todos los profesores no piensan igual, existen unas políticas institucionales que rigen ciertos asuntos sobre la evaluación. Básicamente, se “califica”, no se evalúa… en mi entrada anterior mencionaba que el sentido de la evaluación para mí ha adquirido otra dimensión desde hace algún tiempo, y por lo tanto me atrevo a hacer esta distinción. Los docentes siguen un proceso sumativo, que busca revisar ciertos niveles de adquisición de temas, casi siempre de manera memorística.

Los estudiantes –me sorprendió muchísimo esto- son conscientes de que no se está evaluando, sino calificando. Un chico de noveno me decía: “profe, evaluar es revisar un proceso para identificar tanto fortalezas como debilidades, ¿si me entiende? Así uno se da cuenta de los resultados”.  Otro chico me decía que “aquí no se identifican las fallas y fortalezas de los estudiantes aunque es entendible, pues es lo general que por ley se da en todos los colegios públicos”. Bueno, transcribo fielmente lo que me contaron, perdónenme ciertos manejos del idioma.

Otros jóvenes me decían que evaluar y calificar era la misma cosa y que a ellos, igual, no les gustaba, porque debido a las calificaciones los medían en su casa y sólo por eso concluían si se había trabajado o no.

No puedo negar que, aunque he pensado desde hace un buen tiempo sobre este asunto, no logro llegar a ninguna respuesta. Habría que cambiar muchas cosas para mejorar un poco los procesos evaluativos y permitir que el aprendizaje sea real: transformar ideologías individuales y colectivas de los docentes, modificar reglamentos institucionales, desafiar incluso algunas leyes emitidas desde el ministerio de educación.  Hay tantas cosas que ordena Secretaría de Educación que son arbitrarias y van realmente en detrimento del aprendizaje… porque los colegios de carácter público son como un conejillo de indias donde se experimenta inicialmente para ver cómo funciona; montones de proyectos que no tienen pies ni cabeza, pero hay que realizarlos. Y el proceso de aprendizaje se va quedando en el último renglón.

Quizá me desvié del camino trazado inicialmente, pero las inquietudes surgen a medida que me expreso. Lo que saco en claro con esta reflexión es que todos sienten inquietud por la evaluación, se cuestionan y buscan respuestas claras. Los corazones curiosos, deseosos de encontrar salidas, las mentes abiertas y dispuestas a escuchar son la única salida de este remolino turbio. ¿Tocaremos fondo algún día y podremos, por fin, salir a la luz de la superficie?

SOBRE LA EVALUACIÓN…

La semana anterior contaba que sólo he tenido un curso mediado por TIC y que, desde mi punto de vista, fue bastante exigente. La evaluación fue un asunto medido, detallado, observado por el profesor paso a paso, ya que se pretendía lograr colaboración entre todos los integrantes del curso, de manera que valoráramos el trabajo propio y el de los demás. Se evaluó todo el proceso, desde la participación en los foros, hasta las intervenciones que enriquecían los productos de otros compañeros y los aportes que hacíamos al responder preguntas o aclarar inquietudes. No solamente los productos eran valorados, sino también la interacción.

Ese es, precisamente, el sentido que le doy a la evaluación: valoración, seguimiento, observación de un proceso. Sentí en ese curso que la enseñanza de los contenidos del curso era en verdad un proceso formativo nada relacionado con la simple transmisión de información; se constituyó en construcción de conocimiento. Todo lo que se hacía era un proceso de auto-aprendizaje, un proceso de desarrollo personal. A mis ojos, la evaluación adquirió una dimensión completamente nueva. Cada estudiante era un ser único que dejaba una impronta en la plataforma con sus productos, comentarios y reflexiones. Cuando teníamos algún encuentro presencial, era como si hubiésemos estado juntos en forma física todo el tiempo, porque ya sabíamos del trabajo de cada quién, y eso permitía valorar lo que se hacía y compartir todo lo que habíamos leído, aprendido y construido.

Como ya dije, se evaluaron unos productos, porque de todas maneras, el sistema exige unas calificaciones de ese proceso. Y por ajustarse a ese sistema, uno se mide en la medida de esos aspectos en particular. Pero yo creo que se aprende más allá del ambiente de aprendizaje, de la página web, de la exposición del texto, del compartir con los compañeros las impresiones de un video o una lectura; hay un aprendizaje que desborda cualquier límite: aprender, a partir de allí, cuáles son tus fortalezas en el trabajo autónomo y en el trabajo colaborativo, descubrir tu rapidez para detectar información importante, conocer tus puntos de vista a la luz de nuevas teorías que jamás habías oído mencionar, aprender a auto-regular tu tiempo y tu energía… seguramente se me quedan en el tintero muchos otros asuntos, pero en estos es en los que he reflexionado bastante desde que inicié este proceso en la Maestría.

En estos espacios mediados por TIC la tecnología me ha mostrado un universo, en relación con la evaluación, que yo desconocía y me ha permitido potenciar capacidades que creía no tener. Yo he evaluado cada momento ese proceso y he descubierto un mundo de posibilidades. Principalmente, que cuando estás tras una pantalla no estás solo en el proceso de aprendizaje, sino que muchos como tú siguen con atención tu trabajo y esperan que tú sigas el suyo. Eso me parece muy bello y crea otro tipo de comunidades que beben de las fuentes del conocimiento que se construye entre todos.

Todo esto –la autonomía, el trabajo colaborativo, la capacidad de construir un saber-  permite sopesar lo que has hecho, lo que has aprendido, lo que has compartido. En cada pasito que damos individualmente y en conjunto, logramos fortalecer nuevos conocimientos para el mundo. Ya lo decía Graham Greene:

La humanidad avanza gracias no sólo a los potentes empujones de sus grandes hombres, sino también a los modestos impulsos de cada hombre responsable”.

BALANCE DE LA PRIMERA SEMANA…

Esta primera semana de actividades del curso fue bastante emocionante; sentí temor, angustia, cierta sensación de soledad… pero también mucha emoción y curiosidad por ver la manera como podía ajustarme al ritmo de trabajo y responder positivamente a lo que se plantea en este nuevo espacio de aprendizaje.

Veamos, ¿qué tareas cumplí y qué problemas he encontrado?

Realicé la encuesta de entrada al curso -creo que así se llama, es que prefiero hacer esta reflexión con lo que asimilé, sin estar muy pendiente de la página de docTIC en este momento-

Me inscribí en Diigo, pero no sé para qué, realmente. No he logrado captar cuál es el propósito, ya que jamás había oído de “marcadores sociales”. Si no me equivoco, ese es el nombre. Hago parte de él y ya.

Creé mi blog y he estado pendiente de enriquecerlo y hacerlo, digamos, amigable. He cacharreado mucho y he aprendido algunas cositas, pero todavía no veo la diferencia en los propósitos de un blog y de una página web. Ver esa diferencia es importantísimo para mí.

Aunque he ingresado a blogs de algunos compañeros, no he dejado comentarios, porque en algunos no encontré la manera de hacerlo, técnicamente hablando, en otros no había todavía suficiente material para comentar y hay otros tan excelentes que me dio como pena. La impresión de la primera semana, supongo.

Sé que esta semana tengo que:

Conocer y re-conocer más profundamente el manejo de mi blog.

Entrar más en contacto con los compañeros de curso a través de sus blogs.

Repasar desde el principio los asuntos técnicos: desde la inscripción hasta la recepción de cambios y el diario de docTIC.

Aclarar lo de Diigo porque eso me inquieta mucho. Entender por fin qué es y cómo participar productivamente.

Continuar la reflexión propuesta desde el curso por el profesor Diego y por los compañeros. Darle cabida a la duda, la búsqueda, la perseverancia y la observación atenta.

Será una semana llena de nuevos encuentros. El horizonte irá iluminándose poco a poco…